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A los 47 años y sin pareja, tuvo gemelos después de que le cubrieran un complejo tratamiento

“Luché contra viento y marea: tengo que festejar lo que logré»
«Beltrán nació cinco minutos antes que Bautista, su hermano, en la tarde del 23 de marzo. Y también con un poco más de peso: 3,265 kilos frente a 2,977. Los gemelos son el fruto del amor y la lucha solitaria de Pía López Cano, quien pudo cumplir su sueño de volver a ser mamá. Lo hizo a los 47 años, sin pareja y tras lograr que la Justicia le ordenara a su obra social pagar un tratamiento de fertilización asistida que en un principio se negaba a cubrir.
“Es inexplicable y fuerte. Por mi edad y mi estado civil tenía todas en contra, pero incluso así no desistí. Siempre hay que seguir adelante. Hoy verlo realizado es muy fuerte”, cuenta a Clarín López Cano, luego de realizar los trámites de la partida de nacimiento de sus bebés.
Su anhelo de ser madre por segunda vez –tiene una nena de 11 años–, comenzó hace un par de años. El deseo la llevó a realizarse tres tratamientos de fertilización asistida, pero no tuvo éxito. Para esa época, Pía ya había comenzado a juntar firmas para que las obras sociales y prepagas cumplieran con la Ley de Fertilización. Luego de mucha insistencia, hizo una presentación judicial y la Cámara en lo Civil y Comercial Federal le dio la razón y le ordenó a OSDE la cobertura de un tratamiento de fertilización asistida llamado ICSI.
“Ya no tengo nada pendiente, luché contra viento y marea y tengo que festejar todos los días por esto: es muy fuerte lo que logré. Fueron buscados y concebidos con mi esfuerzo, me siento plena”, se jacta López Cano cuando hace un balance del largo y complicado camino que debió recorrer hasta el nacimiento de sus hijos.
Claro que tampoco fue sencillo pensar en un parto doble. Y si bien todo salió sin problemas, Pía, que trabaja como azafata, relató sus sensaciones previas. “El parto era una incertidumbre, sobre todo para una mujer de 47 años. No era sólo el sistema legal, que entraba en todas las zonas grises que aprovechaban las prepagas. También estaban las zonas complicadas para una mujer. Pero por suerte mi cuerpo acompañó”, subraya.
Sin embargo, no todo fue color de rosa en esta historia de perseverancia. Porque una vez realizado el tratamiento su médico le había anunciado que estaba embarazada de trillizos. “Pero uno de esos embriones se detuvo en la semana 10”, se lamenta. ¿Y el trabajo? “Mi idea es volver a volar. Pero tengo dos meses de licencia, más otros dos meses de vacaciones que no me tomé”, afirma. También debió cambiar de obstetra porque su prepaga dejó de ser prestadora donde se atendía.
Los dos bebés y María Elena, su otra hija, necesitan atención permanente, claro. Por estos días, Pía tiene la ayuda de su madre, que llegó desde Uruguay para darle una mano con sus nietos. También la respalda económicamente, aunque López Cano asegura que tras el arribo de los gemelos a este mundo no hizo grandes cambios en economía. “No me metí en muchos gastos”, advierte No se asusta con lo que le contará a sus hijos cuando sean grandes: “Les diré que no tienen papá, que es una familia monoparental”. Y reflexiona sobre todo lo que le pasó pensando en otras mujeres que pueden seguir sus pasos: “Hay que prescindir de la mirada de los otros porque si fuese así no lo hubiese hecho. Hoy esto no es convencional, en diez años será normal”, advierte.

Fuente: Clarín,


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